domingo, 17 de febrero de 2019

Efecto mariposa

Mauricio miró a su alrededor aturdido, sin dar crédito a lo que veía. Estaba tumbado sobre un suelo frío de mármol blanco, dentro de un cubículo con un techo y cuatro paredes del mismo material y color.

Mauricio se incorporó quedando sentado sobre el suelo. Continuó examinando el lugar en el que se hallaba. Allí no había ni una ventana, ni una puerta, ni siquiera una lámpara. La luz artificial parecía provenir del techo y de las paredes.

Mauricio se levantó y caminó por el habitáculo. Calculó que no tendría más de diez metros cuadrados.

―¿Hola? ―preguntó Mauricio con voz potente, pero nadie le contestó.

Tocó una de las marmóreas paredes. Estaba más fría que el suelo, casi helada. Mauricio vio su reflejo sobre ella, entonces se miró a sí mismo: no llevaba nada más que una bata fina y azulada que le llegaba por las rodillas. <<¿Estaré en un hospital?>> se preguntó, tratando de recordar, en vano, cómo había llegado hasta allí.

Mauricio llegó a la conclusión de que aquello tan sólo era una pesadilla y que pronto se despertaría. Así que se volvió a sentar en el suelo y esperó. Sin embargo, a medida que transcurría el tiempo,  Mauricio se impacientó cada vez más, hasta que su impaciencia se transformó en ira.

―¡Basta! ―gritó con fuerza. Rápidamente se levantó del suelo y comenzó a golpear con sus puños una de las paredes que le rodeaban.

―¿Hay alguien ahí?―preguntó furioso.

De pronto, las cuatro paredes comenzaron a avanzar lentamente y al unísono hacia el interior del habitáculo. Al ver aquello, Mauricio se quedó inmóvil, sin siquiera pestañear, sin apenas respirar. Mauricio pensó aterrado que aquello parecía real y se estremeció ante la idea de morir aplastado.

Afortunadamente, tras unos instantes, las paredes cesaron en su avance y Mauricio suspiró aliviado. Sin embargo, pronto volvió a sentir un temor inmenso al pensar que, seguramente, en ese habitáculo sellado había una cantidad limitada de oxígeno. Pronto no podría respirar.

Mauricio volvió a sentarse en el suelo pensando en que no había nada que pudiese hacer para salir de allí. Esperó y esperó tratando de mantener la calma.

De repente, apareció una mariposa volando por la habitación. Mauricio se quedó fascinado al verla y se sintió lleno de esperanza. <<¿Por dónde habrá entrado? Tiene que haber una conexión con el exterior>> se dijo.

Mauricio volvió a examinar cada resquicio de la habitación pero no vio ningún conducto, hueco  o grieta por la que pudiera pasar ni una hormiga. Mauricio entonces pensó: <<La pregunta no es por dónde ha entrado, sino ¿de dónde ha salido?>><<Las mariposas salen de los capullos>> se dijo e inmediatamente buscó por la habitación algún capullo, pero tal y como ya había visto anteriormente allí no había nada.

Entonces Mauricio pensó: <<¿Y si la mariposa salió de mí? ¿Y si yo soy el capullo? >>. <<¡Eso es! ¡Soy un capullo!>> se dijo convencido. Entonces comenzó a reírse a carcajadas.

Tras unos instantes, Mauricio dejó de reír y la amargura le invadió al recordar lo capullo que había sido a lo largo de su vida. En ese momento Mauricio se olvidó de su crítica situación y comenzó a pensar en el daño que había hecho a las personas que más le querían. Pensó especialmente en su familia, en su novia Carmen y en su mejor amigo Víctor.

En ese momento, apareció una ventana en una de las paredes del cubículo. Asombrado, Mauricio se acercó, abrió la ventana y contempló inmensamente feliz el exterior. La mariposa salió volando hacia el cielo azul y Mauricio sintió agradecido la cálida luz del sol sobre su rostro. De pronto oyó una voz que le gritaba:

―¡Mauricio! ¡Mauricio! ¿Estás bien?

Mauricio  miró hacia abajo y vio a su mejor amigo.

―¡Víctor! ―gritó Mauricio colmado de alegría.

Como no había apenas distancia entre la ventana y el suelo, Mauricio dio un salto hacia el exterior.

―¿Qué te ha pasado? ¿Qué hay ahí dentro? ―le preguntó Víctor muy intrigado.

Mauricio miró hacia arriba y vio que había estado dentro de lo que parecía una nave espacial. Entonces, Mauricio le contó a Víctor lo que le había ocurrido dentro de la nave. Después le preguntó:

―Pero dime, Víctor, ¿cómo entré ahí? No consigo recordarlo.   
Víctor abrió los ojos expresivamente y le contestó con agitación:

―Te pusiste debajo justo del centro de la nave y entonces te esfumaste sin más. Fue alucinante. Yo no tuve el valor de acercarme al centro pero tampoco me atreví a alejarme. Has estado ahí dentro más de cinco horas. ¿Entonces no has visto a ningún extraterrestre?

―No, no vi nada más que aquella mariposa. Ella me hizo pensar ¿sabes?

―¿Ah sí?¿Y en qué pensaste?

―Pensé que quiero cambiar. Que no os merezco ni a ti, ni a Carmen, ni a mi  familia. Por favor, perdóname por haberte fallado tantas veces.

Víctor se asombró tanto de las palabras de Mauricio que no supo que decir. De pronto, la nave despegó y se desvaneció entre las nubes. Los dos amigos estupefactos regresaron al pueblo y contaron lo que les había sucedido.

Nadie les creyó pero cuando todos vieron que Mauricio había cambiado para mejor, comenzaron a dudar. <<¿Y si todo fuese cierto?>> se preguntó más de uno.

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