sábado, 9 de febrero de 2019

Tres estrellas



Era de noche. La pequeña Sofía estaba en el jardín de su casa contando las estrellas que brillaban en el cielo.
―¿Qué haces Sofía? ―le preguntó su madre.
―Estoy contando las estrellas ―contestó Sofía.
Su madre miró el firmamento estrellado y sonriendo le dijo:
―Sofía hay demasiadas estrellas. No podrás contarlas todas. Venga, ven. Entra en casa que vamos a cenar ya.
La niña obedeció a su madre y se dispuso a cenar junto con ella y su abuelo.

―Abuelo ―dijo Sofía mientras cenaban ―¿Tú crees que podré contar todas las estrellas que hay en el cielo?
―¡Claro que sí! ―contestó el abuelo con ojos chispeantes.
―Papá...―dijo la madre, con seriedad, moviendo la cabeza desaprobatoriamente.
El abuelo hizo como si no escuchase ni viese a su hija y le preguntó a su nieta:
―Y dime, ¿ya has elegido tus tres estrellas favoritas?
Sofía negó con la cabeza. El abuelo continuó diciendo:
―Si las elijes, muy pronto ocurrirá algo mágico.
―¿De verdad? ―preguntó Sofía con la mirada ilusionada.
―Sí, sí, de verdad ―le contestó el abuelo.
La madre alzó las cejas, sin dar crédito a lo que estaba escuchando. Pero permaneció callada. 

Cuando terminaron de cenar, la niña fue al jardín de nuevo para elegir las tres estrellas. Entonces la madre le dijo al abuelo:
―Papá no deberías decirle esas cosas a la niña.
―¿Y por qué no? ¿Acaso no cree en los Reyes Magos o en el Ratoncito Pérez?
―Sí, es verdad ―contestó la madre y suspiró dándose por vencida.
Sofía regresó muy sonriente y les dijo a su madre y a su abuelo:
―¡Ya elegí las tres estrellas!
―Muy bien cariño, ahora ve a lavarte los dientes y después a dormir. ―dijo la madre.

Al día siguiente, mientras Sofía estaba en el colegio, el abuelo fue a la papelería y compró algunos materiales. Cuando regresó a su casa, el abuelo dibujó tres estrellas en el ordenador, las imprimió y las coloreó con pintura fluorescente. Después puso el dibujo encima de la mesita de Sofía.

Cuando Sofía llegó del colegio y vio el dibujo gritó alegre y sorprendida:
―¡Abuelo! ¡Abuelo! ¡Qué bonitas estrellas has pintado!
―Sí, y por la noche sucederá algo mágico. Ya lo verás.
Sofía miró a su abuelo completamente ilusionada.

Al llegar la noche, las tres estrellas brillaron en la oscuridad y Sofía exclamó:
―¡Abuelo, mira las estrellas brillan!
El abuelo se rió complacido. Ambos contemplaron la luz que emanaba de las tres estrellas dibujadas.
―Abuelo
―¿Sí?
―¿Tú también tienes tres estrellas favoritas?
―Claro que sí. Mis estrellas favoritas sois tú, tu madre y tu abuela.
―¡Pero nosotras no somos estrellas! ―exclamó Sofía riendo.
―Sí, sí que lo sois ―replicó el abuelo.
―¡No!¡porque no brillamos! ―protestó Sofía.
―Sofía, hay personas que brilláis por dentro y este brillo no se puede ver con los ojos, sólo se ve con el corazón.
Sofía se quedó en silencio unos instantes, después dijo:
―Entonces tú también eres una estrella.

4 comentarios:

  1. Una vez más me he quedado entusiasmada con tu relato, pero esta vez desde antes de leerlo, porque al mirar el dibujo, ya sabía que me iba a gustar. ¡Excelente!

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    1. jajaja ¡muchas gracias! primero hice el dibujo a lápiz y después lo pasé al ordenador. Las caritas de las estrellas las hice inspirándome en los dibujos kawaii que me encantan (◕‿◕)

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  2. Precioso relato! Sigue escribiendo así.
    Mucha suerte, aunque no la necesitas!
    https://m-annita.blogspot.com/
    Mannita

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