domingo, 10 de marzo de 2019

Inspiración encadenada

Sheila estaba en su cafetería favorita buscando la inspiración para escribir su primera novela. Observaba a su alrededor a las personas que desayunaban. Prestaba atención a sus conversaciones, sus miradas y sus gestos.

Aquella cafetería le gustaba porque siempre estaba muy concurrida por clientes de distinta índole, desde estudiantes pasando por empresarios hasta artistas. Sin embargo, el ruido no era exagerado sino que era más bien un murmullo que le ayudaba a concentrarse.

Tenía su libreta sobre la mesa, al lado del chocolate con leche. Estaba sentada de espaldas a la ventana, por la que entraba la luz del sol a raudales. De pronto, Sheila escuchó la voz de una mujer que sobresalía por encima de las otras voces.

―¿Quién es? Quiero saberlo.

Sheila dirigió su mirada hacia la mujer que acababa de realizar la pregunta. Estaba muy pálida y miraba con firmeza al hombre que tenía sentado enfrente de ella. Sin embargo, el hombre tenía la mirada baja y no decía nada. La mujer entonces le preguntó con amargura y enfado:

― ¿Piensas seguir ahí callado fingiendo que no sabes de qué te estoy hablando?

El hombre continuó guardando silencio. Segundos después, la mujer se levantó de su sitio, pagó su café y se marchó airada diciendo:

― Adiós Tomás.

Tras marcharse la mujer, el hombre continuó unos instantes sin moverse. Después pagó su consumición y se marchó cabizbajo.

Rápidamente Sheila tomó notas en su libreta de las palabras que había oído decir a la mujer, de la expresión de su cara y de la reacción del hombre. Inmediatamente pensó que con aquellas notas podría escribir una historia interesante. Entonces sacó un cuaderno de su bolso y escribió durante horas. Cuando ya no se le ocurrió nada más, leyó lo que había escrito.

Tras terminar la lectura, alzó la mirada y se sintió sorprendida al encontrarse con los ojos castaños de Tomás. Estaba sentado no muy lejos de ella. Sheila desvió la mirada rápidamente sintiéndose muy tensa. <<¿Qué hace aquí?>> <<¿Por qué me está mirando>> <<¿Sabrá que estoy escribiendo sobre él? >>. Se preguntó inquieta.

Tras unos instantes miró de reojo a Tomás que había dejado de mirarla, y ahora estaba concentrado dibujando algo en un block. Lo que ignoraba Sheila es que aquel hombre era pintor y la había estado retratado mientras escribía. Y lo que Tomás ignoraba era que ella estaba escribiendo sobre él. Ambos habían sido inspiración sin saberlo.