viernes, 18 de octubre de 2019

La voluntad de la silla


Vincent van GoghSilla con pipa

El escritor se sentaba en la silla, frente a la mesa, con el bolígrafo en la mano y la hoja de papel en blanco. Transcurrían unos instantes y entonces las ideas brotaban en su mente como el agua en un manantial. Esto es lo que sucedía cada día en su pequeño piso.

El escritor pensaba que era algo mágico pues en ningún otro lugar lograba escribir nada. Lo que ignoraba por completo era que la inspiración provenía de la austera silla de madera y mimbre de la que solía quejarse para sus adentros. Algún día tendré una silla más cómoda se decía a menudo, cuando soñaba con ser rico y famoso.

La silla por su parte, era feliz cada vez que el escritor se sentaba en ella dispuesto a escribir. Su única voluntad era inspirarle para que escribiese hermosas historias. Y, a pesar de que sabía que el escritor pasaba penalidades económicas, ignoraba los delirios de grandeza de él y sus ganas de reemplazarla por otra.  

La silla pensaba que como ella le quería, él también la quería a ella y que siempre estarían juntos. De tal forma que su amor iba creciendo y cada vez le inspiraba al escritor mejores historias.

El tiempo fue transcurriendo hasta que llegó un día en el que el escritor empezó a vender sus libros y comenzó a ganar mucho dinero. No tardó en poner a la venta el piso junto con todos los muebles y muy pronto se marchó.

La silla esperaba pacientemente a que el escritor regresara, pero como él no volvía, comenzó a sentirse abandonada, completamente sola. La silla lloraba y lloraba por dentro sintiéndose impotente. ¿Por qué me abandonaste?¿Quién te inspirará ahora? se preguntaba preocupándose por el escritor más que por ella misma.

Sin embargo, el escritor ya no se acordaba de ella. Vivía de forma disipada derrochando el dinero en bebida, juegos y placeres mundanos. El vacío se había apoderado de él, ya no se le ocurrían ideas, era incapaz de escribir. Pronto seré pobre otra vez se decía con amargura. Era incapaz de asociar su éxito literario a la silla que tantas horas había sostenido pacientemente su peso mientras él escribía.  La silla que tanto le quería y a la que él había abandonado.

Aunque tras dos tristes años, la soledad de la silla terminó porque un famoso pintor entró a vivir en el piso del escritor. En cuanto el pintor vio a la silla, le dijo admirado:

―Eres sencilla pero muy hermosa. Eres perfecta para mí.  

Al oír aquellas palabras la silla, a la que nunca nadie le había dicho nada bonito, sintió una felicidad inmensa y resplandeció de tal modo que el pintor fascinado por su belleza decidió inmortalizarla en un cuadro.

El artista disfrutó como nunca en su vida pintando a la silla y, cuando hubo terminado el cuadro, se sintió muy orgulloso. Pensó que se trataba de una de sus mejores obras. El pintor colgó el cuadro en la pared y cuando la silla lo contempló, lloró de felicidad. Aquel hombre la había valorado como nadie en su vida. Gracias, gracias quería decirle la silla y el pintor, aunque no oía sus palabras, sintió en el corazón que la silla estaba agradecida.

A partir de entonces la silla se dedicó a inspirar al pintor para que crease hermosos cuadros. El artista que había sabido apreciar su belleza desde el primer instante en que la miró también supo apreciar y agradecer su labor porque se dio cuenta de que, al igual que la voluntad de él era pintar, la voluntad de la silla era inspirar.

1 comentario:

  1. Me ha gustado mucho este relato, ya que nos hace reflexionar sobre lo importante que es saber gestionar bien el éxito, y cuando se tiene no olvidar nunca quien eres y de donde vienes. ¡Magnífico relato y maravillosa imagen! Un abrazo.

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