martes, 14 de enero de 2020

Un cielo sin nubes


La oruga Layla estaba en el bosque, sobre una hoja de una pequeña planta. Se preguntaba extrañada por qué haría tanto calor y tan poca humedad en el ambiente. El oso Polino al pasar por su lado, la saludó y acercándose a ella, exclamó:

―¡Qué calor hace! ¿verdad?

La oruga asintió con su cabecita.

―Me pregunto dónde estarán las nubes. No hay ni una sola en el cielo.

Entonces, el árbol Zenya que les estaba escuchando les dijo:

―Venid aquí, refugiaros bajo mi amplia sombra.

El oso cogió a la oruga con cuidado y la puso sobre una de las ramas del árbol.

―¡Qué sombra tan agradable! ―exclamó Layla.

―¡Sí que agradable! ―exclamó Polino y seguidamente le preguntó a Zenya―: ¿Sabes por qué no hay nubes en el cielo?

Entonces Zenya les explicó:

―Las nubes se han ido de viaje unos días. Pero no tardarán en volver. No os preocupéis. Hasta entonces, podéis refugiaros bajo mi sombra todo el tiempo que queráis.

―Eres muy amable ―le dijo Layla.

―Sí, ¡muchas gracias! ―exclamó con entusiasmo Polino.

―¡Oh no! tan sólo soy un árbol y proporcionar sombra es una de mis funciones principales. ―dijo Zenya con humildad.

Tras unos instantes la ardilla Casilda saltó sobre una de las ramas de Zenya.

―Bienvenida Casilda ―le saludó el árbol.

―Buenos días Zenya. Te he escuchado decir que las nubes se han ido de viaje. ¿Por qué razón?

Layla y Polino permanecieron callados esperando la respuesta del árbol ya que ellos también se hacían esta misma pregunta.

―La razón es que están tristes porque ya nadie les presta atención y para darnos una lección a los habitantes de este bosque decidieron marcharse unos días. Piensan que no se aprecia lo que se tiene hasta que se pierde. Así que esperan que nos demos cuenta de lo importantes que son y que apreciemos su labor cuando vuelvan.

Layla entonces intervino:

―Es verdad, las entiendo. Ya a nadie le fascina el cielo. Ahora estamos siempre muy ocupados con otras cosas y ya no dedicamos tiempo a contemplar la belleza de las nubes, de la luna, las estrellas…

El árbol y la ardilla le dieron la razón. Sin embargo, Polino replicó:

―Pero ¿qué tiene que importarles a las nubes si las apreciamos o no? No entiendo por qué les afecta tanto.

Entonces el árbol Zenya dijo:

―Cuando os he ofrecido mi sombra, me habéis mostrado agradecimiento y os he contestado que solo soy un árbol y que mi función es dar sombra. Pero he de reconocer que me he sentido feliz por vuestras palabras. Me habéis hecho sentir valorado. Imaginaos a las nubes. Hacen una función realmente importante. Sin ellas no hay lluvia. ¿Y como sobreviviríamos sin agua? Sin embargo, nadie les prestamos atención, nadie les damos las gracias. ¿Acaso no deberíamos ser agradecidos con ellas? Pues ya veis que nada les impide marcharse a otra parte si las tratamos como si no las necesitáramos.

El oso, la oruga y la ardilla asintieron dándole la razón a Zenya. Entonces los cuatro miraron al cielo esperando el regreso de las nubes.

La ardilla Casilda se subió a lo más alto del árbol y al cabo de un rato, gritó entusiasmada:

―¡Las nubes regresan!¡Las nubes regresan!

Las nubes vieron a la ardilla que las comenzó a saludar con gran alegría y se acercaron a ella. En ese momento el oso, la oruga y el árbol les dedicaron palabras de agradecimiento. Las nubes se sintieron muy felices y comenzó a llover. Todo el bosque celebró la tormenta veraniega y Layla, Polino, Casilda y Zenya se encargaron de que las nubes no volvieran a sentirse ignoradas nunca más.

1 comentario:

  1. Me ha hecho reflexionar mucho tu relato sobre el tema de ser agradecida y es tan importante no olvidarlo, que me he alegrado leyendo tu excepcional cuento para niños sobre "el agradecimiento". Gracias y continua así. Un saludo.

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